¡El secuestro, conquista socialista!
Recientemente vivimos una desagradable experiencia en la cual una entrañable amiga de la familia, fue secuestrada y sometida a todas las peripecias y vejámenes cónsonos con un hecho de esta naturaleza, cuya indignación e impotencia, aún acompaña a la víctima. Hasta ahora hablábamos de los secuestros que contaban otros: ¡ahora ocurrió en nuestro entorno cercano! Lo grave del asunto es la repercusión que tal evento tiene en la vida del secuestrado.
Nuestra amiga, como cualquier adulto que aspira una mejor calidad de vida, se afilió a un grupo coral a cuyo ensayo se dirigía cuando fue secuestrada. Como resultado, se retiró de la coral, negándose una valiosa y merecida oportunidad.
El secuestro es un vocablo que se ha convertido en invitado indeseable de la familia venezolana. Se conocen diferentes modalidades desde el express hasta el silente. No tiene horario ni fecha en el calendario. Tiene como sinónimos a la privación, la retención y el impedimento.
Es motivo de conversación en tertulias familiares sustituyendo las entretenidas sesiones de chiste por relatos cuasi novelescos. Por la diversidad de las narraciones se requeriría de alguien que funja de cronista para recopilar estos relatos en un libro de cuentos.
Para el oficialismo, este fenómeno solo se puede calificar de veraz cuando el secuestrado es uno mismo o algún miembro de la familia. Caso contrario, para el régimen no pasan de ser cuentos de "espanto y brinco" o percepciones de inseguridad promovidas por la oligarquía golpista y desestabilizadora.
Lamentablemente las cosas son bastantes más graves pues para este régimen el secuestro parece ser un objetivo. Sin temor a dramatizar, Venezuela es un país que alberga una sociedad secuestrada por diferentes flancos. La lista es larga y se inicia con la "Constitución" a la que el Ejecutivo y el TSJ le han impedido ejercer todas sus potencialidades. Conceptuada como la mejor del mundo, se transformó en un problema para el régimen, razón por la cual la secuestró.
En la dimensión personal, al régimen le ha resultado imposible secuestrar las capacidades individuales para emprender, pero sí las oportunidades para ejercerlas, a través de un entramado legal que no deja espacio para iniciativas extra-régimen.
Cosa similar ocurre con la libertad de movilización y la expansión de nuestra personalidad, las que han sido secuestradas por delincuentes de cuello multicolor que se han apropiado de los espacios de dominio común; con los medios de comunicación que nos permiten mantenernos informados, secuestrados por actores y programas que ejercen admirablemente la anti-educación ciudadana; con el desempeño de la pluralidad, secuestrada por un pensamiento único el cual no da cabidas a quienes disienten.
En resumidas cuentas, el ejercicio del poder ha sido secuestrado por aquellos que profesan la doctrina socialista dentro de un régimen personalista cuyo objetivo oculto es no entregar el poder.
Una sociedad secuestrada es una sociedad cargada de frustraciones por todas las retenciones, privaciones e impedimentos que el oficialismo ha implantado; aislada para cerrarle el paso a quienes desean mejorar por propia voluntad; regida por el fetichismo, la mediocridad y el mesianismo castrante.
El gran problema de los secuestrados es que para superar esta nefasta situación, tendrán que negociar con los secuestradores, sin perder de vista que la justicia y la impunidad no son variables a negociar.
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