El piso de anime de Rajoy
VÍCTOR SALMERÓN
| EL UNIVERSAL
martes 12 de junio de 2012 04:18 PM
El viernes en la mañana, cuando escribo este artículo, luce inminente que España será la cuarta economía europea que necesitará un plan de rescate para evitar un colapso de grandes proporciones que podría obligarla a salir de la zona euro.
¿Cómo se ha llegado hasta aquí? La leyenda urbana sostiene que la crisis europea se debe a unos gobiernos derrochadores, que se endeudaron sin miramientos y ahora sus inocentes ciudadanos deben pagar el precio, pero en España, la realidad es otra.
Basta con observar que la deuda pública de España representa 68,5% del PIB y en Alemania, país que es visto como el vivo ejemplo de la austeridad y las buenas finanzas, equivale a 81,2%.
No obstante, los inversionistas castigan al gobierno de Mariano Rajoy obligándolo a pagar altas tasas de interés para obtener financiamiento, uno de cada dos jóvenes no encuentra empleo, la recesión avanza y la banca requiere de un salvavidas.
La crisis española no se origina en las finanzas públicas, sino en una dinámica donde los hogares y las empresas privadas se endeudaron en gran medida en medio de una burbuja hipotecaria que, como todas, explotó para desatar la tormenta.
Con el nacimiento del euro y la muerte de la peseta se acabó el riesgo de cambio, aumentó la confianza de los inversionistas en la economía española y las tasas de interés registraron un marcado descenso desde 13,3% hasta 2,2%.
El crédito barato fue utilizado por las familias españolas y millones de inmigrantes para adquirir viviendas creándose la burbuja hipotecaria que triplicó el precio de las propiedades, mientras que al mismo tiempo las empresas se endeudaban, principalmente, para participar en el negocio inmobiliario.
Además, como el ahorro de los españoles no alcanzaba para otorgar los préstamos, los bancos obtenían recursos financiándose en el exterior.
Otro detalle clave. El aumento sostenido de la demanda no pudo ser acompañado del todo por la oferta y los precios comenzaron a crecer más que en el resto de los países del área euro, por tanto, las importaciones se volvieron muy baratas mientras que las exportaciones caras en su principal mercado.
Como indica la historia financiera del mundo, la burbuja inmobiliaria explotó y el precio de las viviendas comenzó a caer golpeando la riqueza de las familias, la construcción que era el principal sostén del crecimiento económico se desinfló, el desempleo aumentó y tanto los hogares como las empresas han quedado fuertemente endeudados.
El resultado es un ciclo negativo. Las familias y las empresas caen en mora con la banca. Entonces, la banca no tiene cómo pagar los préstamos que obtuvo en el exterior o enfrenta problemas de liquidez, obligando al Estado a implementar planes de rescate.
Además de oxigenar a los bancos el Estado tuvo que aumentar el gasto para tratar de aliviar la recesión, sobre todo tras el inicio de la crisis global en 2008, con lo que el déficit de las cuentas públicas se disparó.
Al tomar en cuenta al sector privado la deuda española asciende a 394% del PIB, el déficit de las cuentas públicas es de 8,5% cuando en 2007 había superávit y los inversionistas le exigen al Gobierno altos puntos de interés acercándolo al nivel en el que Grecia necesitó un paquete de ayuda, creando un dilema.
El Gobierno se ha mostrado dispuesto a recortar el gasto pero esto tiende a profundizar la recesión, lo que significa más desempleo y protestas contra la permanencia en el euro, en el otro extremo, no recortar el gasto implica que el costo para obtener recursos en el mercado se hará insostenible y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera sigue siendo demasiado pequeño para reflotar a España, sobre todo si Italia también necesita ser rescatada.
El entorno se ha hecho más duro tras la quiebra del tercer banco del país, Bankia, lo que obligará a una inyección de 19 mil millones de euros a la vez que aumenta la percepción de que el sistema financiero puede caer en una crisis de mayor magnitud.
El juego luce trancado. La política fiscal está muy restringida, por no decir, anulada; la competitividad no se puede recuperar devaluando porque España está en la zona euro y la protesta social aumentará con lo que será muy difícil recortar los salarios para mejorar la productividad.
Todo indica que no habrá salida mágica. Los españoles tendrán que aprender a vivir con menos por un buen tiempo.
@vsalmeron
¿Cómo se ha llegado hasta aquí? La leyenda urbana sostiene que la crisis europea se debe a unos gobiernos derrochadores, que se endeudaron sin miramientos y ahora sus inocentes ciudadanos deben pagar el precio, pero en España, la realidad es otra.
Basta con observar que la deuda pública de España representa 68,5% del PIB y en Alemania, país que es visto como el vivo ejemplo de la austeridad y las buenas finanzas, equivale a 81,2%.
No obstante, los inversionistas castigan al gobierno de Mariano Rajoy obligándolo a pagar altas tasas de interés para obtener financiamiento, uno de cada dos jóvenes no encuentra empleo, la recesión avanza y la banca requiere de un salvavidas.
La crisis española no se origina en las finanzas públicas, sino en una dinámica donde los hogares y las empresas privadas se endeudaron en gran medida en medio de una burbuja hipotecaria que, como todas, explotó para desatar la tormenta.
Con el nacimiento del euro y la muerte de la peseta se acabó el riesgo de cambio, aumentó la confianza de los inversionistas en la economía española y las tasas de interés registraron un marcado descenso desde 13,3% hasta 2,2%.
El crédito barato fue utilizado por las familias españolas y millones de inmigrantes para adquirir viviendas creándose la burbuja hipotecaria que triplicó el precio de las propiedades, mientras que al mismo tiempo las empresas se endeudaban, principalmente, para participar en el negocio inmobiliario.
Además, como el ahorro de los españoles no alcanzaba para otorgar los préstamos, los bancos obtenían recursos financiándose en el exterior.
Otro detalle clave. El aumento sostenido de la demanda no pudo ser acompañado del todo por la oferta y los precios comenzaron a crecer más que en el resto de los países del área euro, por tanto, las importaciones se volvieron muy baratas mientras que las exportaciones caras en su principal mercado.
Como indica la historia financiera del mundo, la burbuja inmobiliaria explotó y el precio de las viviendas comenzó a caer golpeando la riqueza de las familias, la construcción que era el principal sostén del crecimiento económico se desinfló, el desempleo aumentó y tanto los hogares como las empresas han quedado fuertemente endeudados.
El resultado es un ciclo negativo. Las familias y las empresas caen en mora con la banca. Entonces, la banca no tiene cómo pagar los préstamos que obtuvo en el exterior o enfrenta problemas de liquidez, obligando al Estado a implementar planes de rescate.
Además de oxigenar a los bancos el Estado tuvo que aumentar el gasto para tratar de aliviar la recesión, sobre todo tras el inicio de la crisis global en 2008, con lo que el déficit de las cuentas públicas se disparó.
Al tomar en cuenta al sector privado la deuda española asciende a 394% del PIB, el déficit de las cuentas públicas es de 8,5% cuando en 2007 había superávit y los inversionistas le exigen al Gobierno altos puntos de interés acercándolo al nivel en el que Grecia necesitó un paquete de ayuda, creando un dilema.
El Gobierno se ha mostrado dispuesto a recortar el gasto pero esto tiende a profundizar la recesión, lo que significa más desempleo y protestas contra la permanencia en el euro, en el otro extremo, no recortar el gasto implica que el costo para obtener recursos en el mercado se hará insostenible y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera sigue siendo demasiado pequeño para reflotar a España, sobre todo si Italia también necesita ser rescatada.
El entorno se ha hecho más duro tras la quiebra del tercer banco del país, Bankia, lo que obligará a una inyección de 19 mil millones de euros a la vez que aumenta la percepción de que el sistema financiero puede caer en una crisis de mayor magnitud.
El juego luce trancado. La política fiscal está muy restringida, por no decir, anulada; la competitividad no se puede recuperar devaluando porque España está en la zona euro y la protesta social aumentará con lo que será muy difícil recortar los salarios para mejorar la productividad.
Todo indica que no habrá salida mágica. Los españoles tendrán que aprender a vivir con menos por un buen tiempo.
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