El candidato sellando esperanza al andar
El candidato ha salido a conocer a sus electores, lleva más de cuatro meses en eso, desde que se embarcó en la aventura de recorrer el país, casa por casa, los periódicos nos dejaban saber que estaba en algún lugar del país empezando su campaña, poco a poco, empezamos a seguir sus andanzas, cual Quijote sin su Sancho, sus recorridos nos fueron sorprendiendo para darnos cuenta que el candidato tenía madera: tenaz, aguerrido, claro y humano. Una señora comenta: ¡Pero, qué bríos, tiene este chico! .
Después nos volvió a sorprender, cuando nos enteramos, que había caminado 10 km para llegar a la plaza Caracas, para inscribir su candidatura ante el CNE. Se requiere mucha fortaleza física y espiritual, para hacerlo, caminando esa distancia, después de meses recorriendo el país, bajo un sol calcinante con obstáculos de toda índole, quizás con muy poco auxilio médico, y además, por si fuera poco, atacado, calumniado, insultado, etc., sin contar con la emoción que produce la desbordante multitud que lo acompañó ese día y que, lo conmovió hasta las lágrimas, que no brotaron o que no vimos, su respirar errático y agitado imperceptible a simple vista, denotaba que estaba a punto de colapsar, lo que explica, las pausas tan críticadas, el momento crucial que vivía no dejaba que pronunciara las tan esperadas palabras. Algunos decían: Tanta caminata ha afectado su salud . Después de esto, va a tener que recuperarse , Debería atenderlo un médico . Después de uno o dos días, nos sorprendía saber que ya estaba otra vez, recorriendo el país, ahora los periódicos cubren sus andanzas ampliamente, unos días en Mérida, otros en Zulia, en Calabozo y, en cuanto pueblito encuentra a su paso.
A veces lo fotografían caminando rodeado de una multitud fervorosa, montado en un tractor, etc. pero, aquella foto en que se lo ve, tomado de una mano de un joven, que lo espera para empezar la carrera, y de la otra mano, a una joven mujer, ella ríe alegre aunque suavemente, se rehúsa a acompañarlo, un tímido: sí voy , se adivina en su moreno semblante y blanca sonrisa; el candidato sonríe, cómplice y radiante, parece decirle: Anda, vente, conmigo, a correr . Junto a sus dos cómplices y las multitudes, emprende esa feliz carrera que lleva la esperanza sellada en el corazón.
El candidato no cabe en sí de tanta emotividad, parece que él siempre ha estado ahí, que siempre ha sido uno de ellos, caminando con la gente, ni siquiera él lo sabía. La comunión y el contacto genuino con cada persona en cada rincón del país lo elevan a una eminente transformación humana que él adivinaba se desataría en su interior pero que no había entendido muy bien, sino hasta ahora, después de palpar uno a uno los pasos en la tierra de aquellos seres que le cuentan sus problemas o lo invitan a tomar café en sus viviendas. Esa comunión que no se estudia en la universidad ni en los libros, sino con el contacto con el diario vivir de las personas, con sus pequeñas y grandes carencias que marcan sus vidas, cada uno con aquella peculiar identidad que cultivan a fuerza de soportar el sol y el trabajo duro, estas experiencias moldean al candidato como al barro que en las manos del alfarero se transforma en un hermoso jarrón.
Ahí van, caminando y corriendo, el candidato y las multitudes, radiantes todos, el candidato es un hombre feliz ahora, su rostro deja ver cuánto esa transformación está iluminando su vida y su alma, cada encuentro con las multitudes, siente que crece y madura internamente, siente que cada uno de ellos, le está ganando el corazón, y eso lo transforma, lo inspira para grabar en su corazón, cuánto tiene que trabajar y hacer para ser su gobernante, y a la vez, su más fiel servidor.
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